Espacio enfocado a la Saga de los Confines de Liliana Bodoc
 
ÍndiceCalendarioGaleríaFAQBuscarMiembrosGrupos de UsuariosRegistrarseConectarse

Comparte | 
 

 Viernes, 16 de Septiembre de 2011, Univeridad nacional del Comahue

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Shampalwe
Admin
avatar

Mensajes : 103
Fecha de nacimiento : 02/03/1988
Fecha de inscripción : 22/06/2011
Edad : 29
Localización : Buenos Aires

MensajeTema: Viernes, 16 de Septiembre de 2011, Univeridad nacional del Comahue   Mar Ene 10, 2012 5:20 pm

Entrevista a Liliana Bodoc: "Me gusta pensar el arte como un banquito incómodo que te hace mover"


El pasado jueves 15 de septiembre en el Museo Nacional de Bellas Artes Sede Neuquén, la escritora Liliana Bodoc brindó su conferencia “Adolescencia y lecturas del mundo” en el el tercer encuentro del Primer Ciclo de Conferencias Magistrales “La lectura y la literatura infantil y juvenil: Análisis de discursos”.

El ciclo es organizado por el Ministerio de Educación de la Nación y la Universidad Nacional del Comahue a través de su Secretaría de Extensión; junto con la Facultad de Humanidades, Facultad de Ciencias de la Educación, el Consejo Provincial de Educación de Neuquén y el Ministerio de Educación de Río Negro.

Luego de su charla, Bodoc conversó sobre su célebre épica fantástica “Saga de los confines” (mundo que muy pronto los lectores visitarán por cuarta vez), cómo encara el proceso de la escritura, las decisiones que toma durante su desarrollo, sus estilos y, en especial, de la relación de los adolescentes con la lectura.

¿Escribir para hacer pensar, para crear imágenes, para contar o para movilizar?. ¿Por qué?
En realidad, todas estas cosas que nombraste me parece que son, ni más ni menos, que la razón de ser del arte. El arte no es un sillón o una poltrona donde sentarse a ver pasar la vida, desde mi punto de vista. En realidad, es un lugar de incomodidad. Me gusta pensar el arte como un banquito incómodo que te hace moverte todo el tiempo y pensar en cambiarte de lugar. Me parece el arte es como un acicate, como un lugar para transformarse en todo caso.


La historieta, género considerado “hermano bastardo” de la literatura, remite a esta cuestión estética de la obra literaria que mencionabas en la charla. Me refiero, a estas historietas que no generan imágenes más allá de las que vez en los dibujos. Pienso que ocurre algo similar a lo que destacabas.
Tal cual. Es un buen ejemplo. No se me hubiera ocurrido nunca porque no soy una gran lectora de historietas, a pesar de que es un género que, como todos los géneros populares, merecen el más absoluto y auténtico respeto. Me parece que es bien acertado este ejemplo que das. Es justamente evitar lo fotográfico. Uno siempre que dice que el cuadro de los girasoles es interesante, justamente, porque están deformados.

¿Cómo se puede escribir para adolescentes sin dejar la sensación de ser alguien que intenta hablar en su código?
Es un lugar de muchísimo cuidado del que yo me escapo como la peste porque no hay cosa para los chicos que sea más odiosa que eso. En primer lugar, porque se ven reflejados de una manera totalmente boba, maniquea, estereotipada. Una cosa que los enoja que, además, sienten como una intromisión como las narices de un Don Nadie en sus mundos y en sus privacidades.
La verdad es que eso no me interesa como búsqueda literaria. Pero, aún pensándolo desde el lugar del lector, mi experiencia es que eso, casi te diría, que los irrita. ¿Cómo evitarlo?. A mí me parece que como se evita, por lo general, cualquier panfleto en la literatura. Lo que hay que intentar hacer es no imitar el modelo, no pegar la oreja a la conversación de dos adolescentes y estar, mientras tanto, copiando, si no intentar pensar que hace el adolescente cuando habla. Y descalabra, rompe, desequilibra, provoca e intenta provocar.
Entonces, yo hago que mis personajes hablen de esa manera y no necesariamente calco.

Eso recuerda a Piukeman, personaje de la Saga de los confines, que por como se movía era un adolescente que se movía rápido en la guerra que se venía.
Hay un adolescente u otro pero adolescente al fin, con esto de desobedecer las órdenes.

En la actualidad, parece existir un preconcepto de qué los jóvenes de hoy en día sólo leen novelas de vampiros, hombres lobos y todo lo relacionado con Harry Potter. ¿Por qué se piensa en este preconcepto y no en un adolescente que lee, por ejemplo, La isla del tesoro una vez por año?
A mí se me ocurre pensar, y por eso intento hacer un poco de memoria, que es un fenómeno generacional que se repite bastante. Esto de que los adultos cuando llegamos a serlo, en realidad, empezamos a pensar o ver al joven como una especie de ente descerebrado que transita por ahí.
Tampoco nos podemos calzar sus zapatos y porque empezamos a tener miedo y lo digo desde mi experiencia, porque empezamos a no entender algunas cosas, algunas músicas, algunas maneras de decir, alguna forma de hacer el amor. Entonces, me parece que tiene que ver un poco con una forma de autodefensa, ¿no?. Pero la realidad muestra esto que vos decís. Los jóvenes son tan diversos como los adultos.
Hay una diversidad, más allá de que haya cosas tribales pensando en la adolescencia en general. Hay una diversidad de individuos como las hay en cualquiera otras edades.

Más allá del tinte de fábrica, ¿sentís que libros como los de Harry Potter acercaron a los adolescentes a la literatura?
Al fenómeno de Harry Potter, por ahí, uno se puede tentar de pensarlo como un fenómeno comercial pero, como criteriosamente me decía el editor de la Saga de los Confines, si fuera tan fácil, todas las editoriales tendrían un nuevo Harry Potter, como si fuera solamente una maquinaria puesta para llevar un libro a la cima. La verdad es que no pasa eso.
La verdad es que alguna propuesta interesante de lenguaje y de creación de mundos, de lo que fuere, habrá tenido, tiene o seguirá teniendo Harry Potter. Al margen de que yo no lo pondría en la categoría de los mejores libros literarios, me parece que tiene todo esto decíamos recién. Le ofrece al niño, le ofreció al joven, un territorio generosísimo, extenso, que creció con él además. A mí me parece que esto es una cuestión que puede deslumbrar a un lector. Es como si nosotros hubiéramos tenido muchos “100 años de soledad”.
Me parece que permitió un tránsito por un lugar de ficción gigantesco. Después si hablamos de literatura, hay mucha diferencia entre los tomos. No es homogénea la calidad. Hay tomos que se van para arriba y otros que se vienen, francamente, para abajo. Pero, me parece aún así, es rescatable lo que le propuso a los chicos.

La página en blanco y el lugar común. ¿Cómo se puede escapar de estos obstáculos, para algunos impulsos y miedos que permiten “maquinar” para escribir?
En lo personal, la página en blanco no me genera pánico. Todo lo contrario. En primer lugar, llegó a sentarme a escribir o a garrapatear las primeras cosas de una idea cuando me anduvo un largo rato en la cabeza. La llevo, la llevo, la llevo, a veces la deshecho, otras la retomo. Cuando hay algo que ya me suena familiar en la cabeza me pongo. Nunca me siento a ver que voy a escribir. Quizás ahí sí me agarraría el pánico. Ojo, muchas veces cuando después estas cosas pretendo metodizarlas en una novela, me doy cuenta que no sirven. Pero siempre llegó con algo que hacer, por lo cual eso no me asusta mucho.
Con respecto a los lugares comunes, te lo voy a decir de una manera muy sencilla. Los que escribimos, los que empiezan escribir, los que terminan de escribir, los que están escribiendo, tenemos que entender que la literatura es un trabajo muy arduo y de mucha paciencia. Encuentro en los escritores, a lo mejor en los que están empezando, mucho apuro por terminar el texto, mucho apuro por editar, mucha prisa.
Y la verdad es que la literatura y las páginas literarias son lugares que, yo creo, nos obligan a quedarnos, a veces, ratos largos, y buscar, rebuscar, borrar y no desesperarse. Y digo no desesperarse porque lo que uno escribió después hay que borrarlo. Y hay que tener el coraje de borrarlo. A veces, uno lee cosas en las que dice “esto no debería estar acá”, o no se dio cuenta, o sí se dio cuenta y no lo quiso borrar o se enamoró de su frase. Ahí hay todo un trabajo de permanencia y de corrección. Y, bueno, yo soy una enamorada de la corrección.

Hay dos cuestiones presentes en el cine. El famoso “Corte del director” y la frase de George Lucas, creador de La guerra de las galaxias: “las películas no se terminan. Se abandonan”.
Claro. Es que es eso. Borges decía que editaba para dejar de corregir. A mí me parece que los que pretendemos ser escritores nos apasionamos con la corrección. Es lindísima. Es ver crecer ante tus ojos una cosa que empezó siendo desprolija, inverosímil. Está bien. Eso a mí me gusta.

Podemos decir que en la Saga de los Confines, hay tres caminos del héroe, en especial, al estar compuesta por tres tomos, donde cambian los protagonistas. De hecho, en uno, un personaje tiene mayor fuerza y en el otro pasa a ser el viejo sabio, tal como ocurre con Piukeman. Ahora, es inevitable preguntarse por qué no hacer el camino del héroe desde la visión del malo. Por ejemplo, el hijo de la Muerte, Misaianes. ¿Quién era su viejo sabio, que sentimientos tenía, qué lo movilizaba, más allá de lo propio del texto?
Te entiendo perfecto. Me encanta lo que decís y te voy a decir porqué. Yo ya terminé “Los relatos de los Confines”. Uno de ellos, tiene que ver con ese lugar en uno protagonizado por Drimus, el jorobado, mentor del Mal. Tiene que ver exactamente con ese lugar. Explícame a Drimus. ¿Es malo porque nació malo y se frotaba las manos de hacer maldades solamente porque sí porque era un bichito inmundo? ¿O tiene una historia de referencia y también tiene sus mentores, tiene sus guías y tiene su propósito?. Justamente, este es el intento de varios relatos que tienen que ver con explicar a Drimus, con poner al malo en el lugar también de una criatura que te puede generar, no sé si amor, pero por lo menos reflexión.
Todo esto que mencionar también tiene que ver con un tópico de la épica del Bien y del Mal con dos cosas muy monolíticas. En el caso del Bien, eso se distribuye después entre distintos personajes y pueblos y demás, pero el Mal aparece como una cosa francamente inhumana, fuera de toda concepción y caudal humano. Como ese Misaianes que todo lo puede pero que, en realidad, no todo lo puede.

En “El señor de los anillos”, obra que, como vos reconociste, si no hubiera sido escrita no existiría la Saga de los Confines, hay dos personajes que son centrales y que no son tomados como tal: los dos hermanos Boromir y Faramir. Justamente no se puede pensar la obra de Tolkien sin ellos. El primero, mientras su pueblo moría en defensa de toda la Tierra Media, se oponía a la burocracia de los elfos que no se decidían sobre los pasos a seguir. El segundo, Faramir, cuando captura a Frodo y Sam, luego de matar a uno de los soldados del Señor Oscuro, pregunta como pueden asegurar si ese hombre era malo, cómo se sabe cuales son sus motivaciones y qué mentiras lo llevaron a la batalla.
Claro, son como personajes que, de alguna manera, interpelan ese modelo maniqueo. Si me hubieran preguntado, no los hubiera mencionado como personajes centrales. Ahora que lo decís, son personajes que se plantean ese modelo.
Esto también se puede ver en la miniserie “Guerra de tronos”, donde ninguno de los personajes se salva.

¿Cómo fue ese momento en el que tomaste la decisión de cambiar de estilo para tus siguientes obras?
Yo, la verdad, es que, felizmente, me fui de la saga dando un portazo. Acá no vuelvo. Ya está. Me preguntaban por la cuarta parte pero yo decía que ya estaba. No por estar asqueada o saturada, sino diciendo que ya está, que todo lo que había querido decir, ya lo dije. Salir a buscar a otro lenguaje, más allá de que uno siempre lo encuentra, siempre hay mucho de uno, de un estilo y de una manera de usarlo que se percibe y pervive.
En mi caso, me fui a un lugar diferente como sucedió en Colores. Relatos y cuentos cortos para niños. Y llegué buscando eso, otro lugar, otra habitación de la casa. Y así se mantuvo durante años.
Me pasa con cada obra. Ya sé que es una frase común, pero realmente me interesa enfrentarme a nuevos desafíos con el lenguaje. Por eso me voy de un yuyero boliviano a Memorias impuras y ahora estoy con Jesús. Y así ando.

Tomando la realidad argentina, con el “Oficialismo” y la “Oposición”, ¿cómo escribirías una novela con estos dos puntos?
A mi me cuesta mucho escribir relatos que tengan que ver con lo coyuntural. Y no porque tenga una posición política tomada, que la tengo. No es una cosa aséptica. Tendría que escribirlo en clave simbólica de alguna manera por una sencilla razón. Si me pongo a escribir esta escena cotidiana, me cuesta enormemente. Por ejemplo, yo escribo: “El periodista encendió el grabador y dijo ´Bueno, comencemos la entrevista`”. Lo leo y no me lo creo. A mí déjame con lugares alternativos. Por eso, solamente, no podría. Tendría que buscarle una vuelta. Y anda a saber qué vuelta.



Escrito por Prensa UNCo

_________________
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://www.cinaranel.blogspot.com
 
Viernes, 16 de Septiembre de 2011, Univeridad nacional del Comahue
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
 :: Liliana Bodoc :: Entrevistas-
Cambiar a: